forth

Lanzamos mensajes de texto
correos electrónicos
entradas en bitácoras
igual que los naúfragos
lanzaban al mar sus botellas.
Pedimos que nos rescaten
de nuestras islas sin playas.
Como siempre, hay mareas
turistas y mirones numerosos
y sólo de vez en cuando
uno entre la multitud
entiende nuestra letra.


Ana Pérez Cañamares


No se, me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres…
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"… y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes…
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

No sé, me importa un pito - Oliverio Girondo.


La vida no rima.
Es balas… y atrapasueños*
Es linchamientos… y fiestas de cumpleaños.
Es la soga que ata la horca
y la cuerda que cuelga el columpio del jardín.
Es querer escribir esta noche el poema más honesto
que he escrito en mi vida
sin saber si ese poema te acercará más
a vivir o a morir.
Anoche me dormí rezando,
me desperté esta mañana con el obituario de dios
enrollado en lágrimas sobre mis sábanas
entonces salí a la calle y escuché al vecino
borrando diez mil años de trabajo duro
con una simple nota de su violín
y el sonido del tráfico sonó igual que un himno
como cuando la hoja más sagrada del otoño
se cae de una rama de un árbol de plástico, bonito
y feo.
Ahora mismo no necesito nada tanto como que
me abraces
y si lo haces voy a chillar igual que un pájaro enjaulado.
La vida no rima.
A veces amor es una palabra vulgar.
He escuchado a santos predicar verdades
que me hubieran hecho arder en la estaca.
He escuchado a poetas contando mentiras que me hicieron creer en el cielo.
A veces me imagino a Hitler con siete años,
en el colegio con un pincel en la mano
pensando, “¿De qué color debería pintar mi alma?”
A veces me recuerdo a mí misma
con cicatrices** en la lengua
de inyectarme convicciones
que hubieran colgado a hombres inocentes de los árboles.
¿Has visto alguna vez a una madre caerse de rodillas
el día en que su hijo muere en la guerra por la que votó a favor?
¿Te puedes imaginar cuántas vidas de adolescentes gays fueron salvadas
el día que murió Matthew Shepard***?
Podría existir algo más ruidoso
que el murmullo dentro de la cabeza de su padre
cuando le suplicó al jurado, “por favor no condenéis las vidas
de los hombres que convirtieron la calavera de mi hijo en polvo”
Y sé que nada haría que mi familia estuviera más orgullosa
que si yo abandonase todo en lo que creo
pero nada me mantiene creyendo
tanto como el sonido que hace mi madre respirando.
La vida no rima.
Es saborear el aliento del hombre que te violó
en el cuello de la mujer que te ama más
de lo que nunca te ha amado nadie
para después sentirte tan santa como María
bajo las manos de una amante de una noche
que te llama por el nombre de otra.
Es sentirte más avariciosa que nunca
cuando le das unos dólares al necesitado.
Es no haber comido carne en los últimos diez años
y después encontrar los ojos más amables que he visto nunca
en la cara de un hombre con una plancha de etiquetado en la mano
y un ternero vencido gimiendo a sus pies.
Es asfixiarse en tus creencias.
Es tu peor pecado salvándote la jodida vida.
Es el cuchillo del demonio tallando agujeros en tu alma
para que los ángeles tengan espacio y puedan entrar.
La vida no rima.
La vida es poesía, no matemáticas.
El mundo entero es un escenario
pero el escenario es una colchoneta de meditación.
Reclinas tu cabeza hacia atrás.
Respiras.
Cuando tu corazón está roto plantas las semillas en las grietas
y rezas para que llueva.
Y le enseñas a tus hijos y a tus hijas
que hay tiburones en el agua
pero que la única manera de sobrevivir
es coger una buena bocanada de aire
y zambullirse.

Zambullirse, Andrea Gibson.


Éste es mi contestador automático.
Para herir, simplemente, marque 1.
Para contar mentiras que me crea, marque 2.
Para las confesiones trasnochadas, marque 4.
Para interpretaciones literarias
producto del alcohol, marque 6.
Para poemas, marque almohadilla.
Para cortar definitivamente la comunicación,
no marque nada, pero tampoco cuelgue,
titubee en el teléfono
(a ser posible durante varios meses)
hasta que note que voy abandonando el aparato
a intervalos de tiempo cada vez más largos.
No desespere. Aguante.
Espere a que sea yo la que se rinda.
Le evitará cualquier remordimiento.
Gracias.

La trampa del teléfono, Vanesa Pérez-Sauquillo.


En la selva, esa noche
había tomado el jugo de una planta
más amargo que el vino y concentrado
como una medicina o un veneno
y al rato de beber, supe
que era yo la que trepaba ante mis ojos
mientras otros cantaban
que era yo
la que subía como una enredadera
por el tronco de un árbol
y era yo la que después bajaba
y más tarde subía
todas las veces necesarias, o sea
durante el tiempo total de mi vida.
Es difícil contarles
el empeño con que abrazaba esa corteza
clavándole las uñas que la descascaraban.
Mis garras eran fuertes como las de los gatos
pero al caer me hice liviana, y repté
sedosa, por la tierra.
Era la madrugada
cuando cedió su efecto esa bebida
y me dormí.
Por muchos días
las imágenes de aquella noche
quedaron en mi corazón
lo hicieron dulce como los duraznos
que brotan en la rama y se deshacen
en la boca sagrada de la vida
después de cada invierno.
Paula Jiménez.

Cuando se habla de las Mujeres
generalmente se olvidan 
sus significados principales. 

Cuando hablan las Mujeres 
el olvido enmudece.

Las Mujeres, Amaranta Caballero.


Es asombrosa la relación entre el Amor y el Orgullo, pensaste. Son vasos comunicantes. El enamorado espera que su enamorada esté más enamorada que él y dispuesta a renunciar a su Orgullo, y a la inversa; la enamorada espera que el enamorado esté más enamorado que ella y renuncie a su Orgullo. El Orgullo es como un agujero negro, una gravitación maligna, fruto de nuestra debilidad. Lo necesitamos para vivir más que el Amor. El Orgullo es un misterio.

El luminoso regalo, Manuel Vilas.


Quiero a alguien
dije en conclusión,
con quien pueda
conservar
el calor.
Patricia Suárez.


Mi amado me dice
que soy como una manzana
partida en dos.
Yo tengo las semillas
es verdad.
Y la simetría de las curvas.
Tuve un cierto rubor
en la piel lisa
que no sé
si todavía tengo.
Pero si en abril florece
el manzano
yo hecha manzana
y por demás madura
todavía me despliego
en flores blancas
cada vez que su daga
me traspasa.
Frutos y flores, Marina Colasanti.

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